La inteligencia de los pulpos

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Por: • 8 noviembre, 2010 • Sección: Naturaleza

La inteligencia de los pulposArtículo por: José Fco. Zamorano Abramson

“El pulpo es una criatura estúpida”, afirmó Aristóteles, el padre de la biología. Y es que en esos tiempos (aunque bueno, y en estos también, para la mayoría) pensar que un simple molusco pariente de las almejas y de los caracoles carecía de cualquier atisbo de inteligencia era bastante comprensible, dados los prejuicios que, en general, se han tenido y se tienen sobre el reino animal, con exclusión, por supuesto del ser humano. Si bien es cierto que figuras como la del pulpo Paul, con supuestos poderes adivinatorios (ver Oráculos animales: de Delfos al Pulpo Paul) han conseguido mejorar, en cierta medida, la reputación popular de este cefalópodo, ha sido la ciencia, con sus procedimientos, la que ha realizado varios descubrimientos sorprendentes sobre las capacidades cognitivas de estos animales.

Los pulpos, así como todos los cefalópodos, entre los que se encuentran los calamares y las sepias, son considerados los invertebrados más inteligentes debido a que poseen un gran cerebro, gran capacidad de memoria y de aprendizaje, comparables en su complejidad a las de los vertebrados más avanzados. Partamos por un caso interesante que ocurrió en el acuario de Vancouver. Un pulpo, todas las noches, se metía por el desagüe y se iba a otras exhibiciones para comerse los peces del estanque contiguo. Lo sorprendente es que, tras esto, el pulpo regresaba a su tanque de modo que al otro día por la mañana todo seguía en su sitio, bueno, todo, excepto los peces que se había comido. Los cuidadores se tardaron un buen tiempo en descubrir al culpable. El rastro de agua que dejaba el pulpo entre su tanque y el de los peces, terminó delatándolo. La capacidad de manejo del espacio que queda de manifiesto en esta anécdota viene apoyada por los trabajos de Jean Boal y sus colegas, que muestran cómo los pulpos son buenos en el aprendizaje de la geografía. En un experimento, Boal puso a varios pulpos, de uno en uno, en tanques en los que introdujo una serie de objetos, como jarras de plástico, platos de guijarros y macizos de algas. Tomó sólo unos pocos ensayos para que los pulpos encontraran la ruta más rápida hacia una salida, escondida en la parte inferior del tanque. Hasta aquí esto sería simplemente un aprendizaje de señales del ambiente como el que realizan muchas especies animales, pero lo que hizo que los resultados de Boal fueran particularmente impresionantes es que los pulpos ¡aprendieron de forma simultánea dos laberintos totalmente diferentes! Durante el ensayo en un laberinto, mientras lo recorría, Boal permitía al pulpo observar otro laberinto contiguo. Tras esto, se le pasaba la prueba en el segundo laberinto y también lo recorría exitosamente. De alguna manera, los pulpos podían hacer un seguimiento de dos geografías simultáneamente, lo que sugiere que cuando los pulpos se están moviendo a través de nuevos terrenos, tal vez puedan estar abriendo, paralelamente, vías alternativas de escape e incluso poder decidir la mejor manera de escapar de los depredadores.

Pero los pulpos escapan de los depredadores no sólo escondiéndose rápidamente, sino también engañándoles. Un ejemplo impresionante de engaño es lo que el biólogo marino Roger Hanlon llama “el truco del movimiento de roca”, que consiste en que el cefalópodo adopta la forma de una roca para luego escapar a través de un espacio abierto, totalmente a la vista del depredador, evitando ser atacado. Además. el pulpo logra esta maniobra haciendo coincidir su velocidad de escape con la velocidad de los movimientos de la luz en el agua circundante, logrando con esto que los depredadores no puedan detectar su movimiento. Para Hanlon, lo que hace que este tipo de comportamiento sea notable es que se trata de una combinación creativa de comportamientos previamente aprendidos, utilizados para hacer frente a una nueva situación (lo que comúnmente se define como comportamiento inteligente). Del mismo modo, un pulpo puede escaparse de un ataque en una fracción de segundo poniendo su cuerpo blanco para asustar a un depredador, o disparando bocanadas de tinta para distraerlo, o huyendo en zigzag a través del agua para luego, de repente, cambiar su piel para que coincida con el coral que lo rodea.

Los pulpos, además, son conocidos por su habilidad para manipular objetos con gran precisión por medio de sus tentáculos y de todo su cuerpo, incluso llegando a niveles de destreza similares a los la mano de un primate. En el acuario de un zoológico de Munich, Frida, un pulpo hembra de cinco meses, aprendió a abrir las tapas de recipientes que contenían camarones en su interior. Su técnica consistía en presionar su cuerpo contra la tapa mientras sujetaba los lados con las ventosas de sus tentáculos y una vez los tenía sostenidos firmemente, giraba su cuerpo hasta que lograba abrir la tapa. Frida conseguía lograr su objetivo en un lapso de tiempo de entre diez segundos y una hora, según lo apretada que estuviese la tapa. Si bien los pulpos tienen un cuerpo blando, la mayor parte de sus tentáculos son puro músculo y pueden desplegar una gran fuerza física cuando les es necesario. Frida se convirtió en uno de los atractivos más visitados del acuario: ahora lleva a cabo, dos veces por semana, la rutina de abrir los envases de camarones ante el público a la hora de comer.

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